Son cinco décadas de compromiso, aprendizaje continuo y crecimiento junto a profesionales de todo el país, con la convicción de acercar soluciones que mejoren la calidad y la expectativa de vida de miles de pacientes.
A este hito se suma otro aniversario profundamente significativo para nuestra historia y para la medicina cardiovascular argentina: se cumplen 40 años del primer implante de un cardiodesfibrilador implantable (CDI) en el país, que contó con asistencia técnica del equipo de Cardiolab, un acontecimiento que marcó un antes y un después en la prevención de la muerte súbita cardíaca y posicionó a la Argentina como pionera en Latinoamérica en la adopción de esta tecnología.
Un poco de historia:
Siempre los aniversarios son ocasiones especiales para repasar la historia y la utilidad de su uso clínico.
El CDI tiene sus inicios en 1966, cuando fue desarrollado por el Dr. Mieczyslaw “Michel” Mirowski tras sufrir un gran shock emocional por el fallecimiento de su amigo y colega el Dr. Harry Heller a causa de una arritmia ventricular. Ante esa pérdida, Mirowski se preguntó cómo podría haberse evitado aquella muerte. Los marcapasos implantables comenzaban a estar disponibles y entonces surgió la idea de crear un dispositivo implantable capaz de monitorear la fibrilación ventricular y devolver automáticamente el ritmo sinusal al paciente.
Las investigaciones iniciales se llevaron a cabo en el Sinai Medical Center de Baltimore, donde hacia fines de 1969 se logró un modelo experimental. Al año siguiente recibieron apoyo de una empresa de marcapasos, que abandonó el proyecto dos años después por considerar que no habría mercado para el dispositivo. Este punto de inflexión permitió a Mirowski contactar al ingeniero Stephen Heilman, de Medrad (Pittsburgh), quien puso a disposición su equipo para el desarrollo de la idea, fundando la empresa Intec.
El implante del prototipo experimental se realizó en 1975, un hecho revolucionario para la comunidad médica. Tras sucesivas mejoras terapéuticas y con la participación del cirujano cardiovascular Dr. Myron Weisfeldt y del electrofisiólogo Dr. Philip Reed, el 4 de febrero de 1980 se realizó el primer implante de un CDI modelo AID en el Hospital Johns Hopkins de Baltimore.
Luego de numerosos ensayos clínicos y de la incorporación de mejoras —como el shock sincrónico sobre la onda R para taquicardias ventriculares monomorfas— el CDI recibió la aprobación de la Food and Drug Administration (FDA) para uso clínico en 1985. Cinco años después del primer implante, Cardiac Pacing Inc. (CPI) adquirió la empresa Intec y lanzó su modelo Ventak 1450.
Ese mismo año de la aprobación para uso clínico, el Dr. Michel Mirowski visitó la Argentina y disertó en una reunión científica organizada por la Fundación Favaloro. En ese encuentro, el Dr. Ricardo Pesce presentó la situación de pacientes que habían agotado la terapia farmacológica para el tratamiento de arritmias ventriculares. El 14 de diciembre de 1986 se implantó en el Sanatorio Güemes el primer CDI en la Argentina, con la participación de Mariano Favaloro y la asistencia del propio Mirowski.
En 1988 fue aprobado por la FDA el primer CDI programable por telemetría y ese mismo año comenzó un estudio clínico que incorporó el catéter de acceso endovascular, cuyo diseño sigue vigente en los modelos actuales. En 1989 se añadió la estimulación antibradicardia y al año siguiente se presentó el primer CDI con onda de choque bifásica, superando los problemas de umbrales elevados de desfibrilación ventricular.
A partir de 1991, las principales sociedades científicas —American Heart Association, American College of Cardiology, North American Society for Pacing and Electrophysiology y European Society of Cardiology— establecieron las guías de indicación del CDI. En 1993 la empresa CPI fue absorbida por Guidant y, con un número suficiente de implantes transvenosos, el catéter endovascular Endotak recibió la aprobación de la FDA para uso clínico dos años más tarde.
El pensamiento del Dr. René Favaloro, que sostenía que los avances médicos solo son verdaderos logros cuando llegan a toda la comunidad, se materializó en noviembre de 1990 con el primer implante en el Hospital Argerich, hospital público de acceso gratuito, gracias al impulso de especialistas en electrofisiología y al liderazgo del Dr. Carlos Alberto Bertolasi.
Desde entonces, el desarrollo del CDI ha sido extraordinario. La terapia trascendió a los pacientes con paro cardíaco arrítmico o taquicardia ventricular documentada y se extendió a la prevención primaria de la muerte súbita cardíaca. Los dispositivos evolucionaron de 150 cc y 295 g a equipos de 26 cc y 60 g, con una longevidad que pasó de menos de tres años a más de diez, y con procedimientos cada vez menos invasivos. Hoy, las nuevas tecnologías incluyen los S-ICD de implante subcutáneo, ampliando el arsenal terapéutico en la lucha contra la muerte súbita cardíaca.*1
Celebrar los 50 años de Cardiolab junto a los 40 años del primer implante de CDI en la Argentina es celebrar la innovación y cinco décadas de compromiso con el crecimiento de la electrofisiología en el país, un camino que no hubiera sido posible sin el apoyo y la confianza de todos quienes nos acompañaron.
*1: Nota escrita por Carlos López y Dario di Toro para la Revista “Electrofisiología y Arritmias Vol XIII Número 2, año 2021”